Otra Canarias es Posible
La crisis actual, originada por el sistema financiero global, hace metástasis
en la economía real, poniendo en cuestión el modelo de crecimiento capitalista
basado en la especulación financiera. Ha colocado
a la civilización humana ante una grave crisis social, ecológica y climática.
La idea de que el mundo no tiene límites, de que el crecimiento perpetuo, sin
fin, es posible en nuestro planeta finito, es un desatino.
Nos encontramos en un tiempo de conflicto, de aumento de los desequilibrios y
desigualdades, de agrandamiento de los abismos entre los pueblos y sus
habitantes, propiciando el retroceso planetario de la democracia, los derechos
humanos y la justicia social.
Nos hallamos
ante un nuevo recrudecimiento en la lucha por la redistribución de la riqueza,
tanto a nivel mundial como local, que esta diseñando un nuevo ordenamiento
geopolítico global.
En Canarias ya
vivíamos el agotamiento de la versión local del modelo, basado en el cemento y
el turismo, cuando estallan las hipotecas basura en EE.UU.
En nuestras islas, el desarrollismo especulativo, y su corolario de
corrupción, ha alcanzado cotas insufribles. Canarias presenta cifras
alarmantes: una renta per cápita muy por debajo de la media nacional, un
desempleo entre los más altos de todo el país, una incapacidad de crear empleo
estable, los más altos índices de fracaso escolar, una cobertura social
insuficiente y en continuo deterioro, en definitiva un sombrío panorama, ante
el que nuestros plutócratas sólo dan muestras de desconcierto, falta de
liderazgo y permanente subordinación de los intereses generales a sus
estrechos intereses empresariales. Una actitud que forma
parte de la general incapacidad de los gobernantes de hacer posible un mundo
distinto desde unos gobiernos débiles, sometidos al poder de un capitalismo
insaciable con unos ciudadanos que hemos ido dejando en las manos de unos y de
otros la plural y realmente democrática gobernación mundial.
Estamos ante
recetas que sólo delatan una nueva vuelta de tuerca en el proceso de
concentración de la riqueza; intento de un nuevo traspaso de las rentas del
trabajo a un número cada vez más reducido de detentadores del poder económico
real, tanto en los ámbitos local como global.
Hoy más que
nunca se hace necesario desmantelar “el edificio de ilusiones que se vende
como democracia de libre mercado para que el ser humano sobreviva y para
hacerlo se requiere un enfrentamiento con el modelo que busca proteger los
intereses de la minoría opulenta contra la mayorías” (Chomsky). Es el momento
de abordar los problemas estructurales que aquejan a nuestra economía, de
construir alternativas concretas al neoliberalismo, a escala mundial,
regional y local.
Alternativas que
a nivel global pasan por acabar con la actual arquitectura financiera
internacional y con los Paraísos Fiscales que le dan soporte vital, verdaderos
Estados Corsarios al servicio del capital financiero globalizado y
arietes contra el control democrático de la economía.
Es el momento del desarrollo sostenible. Entendemos
que el concepto de desarrollo al uso, es decir, el crecimiento continuado de
la economía basada en el crecimiento ilimitado del consumo de energías fósiles
y de la producción es inviable (dada la finitud del planeta y sus recursos) y,
por consiguiente, que un auténtico concepto de desarrollo sostenible debe
entenderse como “evolución hacia la sostenibilidad” (no hacia el crecimiento
económico exclusivamente), “socialmente equitativo, ambientalmente soportable
y económicamente eficiente” (que aminore las diferencias entre los humanos),
“global” (que alcance a todo el planeta) e “integrado” (en el sentido que
atienda a todas las necesidades que satisfacen la vida de los seres humanos y
del ecosistema actual, sin perjudicar a las generaciones futuras).
Es el momento de
la cohesión social y el empleo, de los derechos laborales y sociales.
Cuando una derecha estatal recalcitrante, que batalla desde la oposición
política y desde los distintos entramados del poder económico –organizaciones
empresariales, grandes empresas, fundaciones, medios de comunicación...- trata
de aprovecharse de la situación planteando recortes a los logros sociales
conseguidos a lo largo de siglos de lucha obrera, intentando, entre otras
cosas, el despido libre, sin olvidarnos de los contratos basura, la ausencia
de contrato y la intimidación a las personas bajo riesgo de perder su trabajo.
Frente a todo esto, nos encontramos con sectores importantes de la izquierda
política y sindical incapaces de invocar un nuevo modelo, limitándose a
parchear la situación y a intentar suavizar un sistema para el que no
encuentran una alternativa movilizadora de los distintos sectores de la
sociedad.
Es el
momento, de reivindicar el trabajo como fundamento del crecimiento económico
sostenible, fuente esencial de los derechos de ciudadanía social, y,
consecuentemente, la defensa de las conquistas de la clase obrera, que exige
la revocación de la legislación que consagra la liberalización neoliberal del
mercado laboral. Pero también es el tiempo de avanzar hacia nuevas conquistas
civilizatorias que representan la Renta Básica de Ciudadanía o las nuevas
concepciones sobre la distribución de los tiempos sociales.
Es el
momento de impulsar valores como el esfuerzo personal, el estímulo de la
formación constante y el valor de la igualdad, como principio de justicia y
eficiencia.
Es el
momento de apostar por los sectores estratégicos para el desarrollo de
políticas igualitarias como el de la educación con una escuela pública cada
vez más deteriorada y abandonada y con unos índices de fracaso alarmante, y la
sanidad, donde se ha venido produciendo una pérdida constante de las
prestaciones universales y la atención en los servicios públicos, frente a su
privatización. Es el momento de sacar del mercado la satisfacción de los
derechos sociales. La alimentación, la salud, la educación, la cultura, la
información no son mercancías, son derechos ciudadanos que no pueden estar a
merced del mercado, como dicen, “los mercados, que son una realidad económica,
son muy buenos siervos, pero pésimos amos”.
Hay que reconocer que todo no es mercancía, rescatar la
dignidad del trabajo humano, convertido en un simple instrumento de
acumulación de capital que se le usa y se le desecha. El trabajo humano no es
un medio más de producción, es el fin mismo de la producción y lo que hemos
visto en los últimos años de crecimiento espectacular ha sido la precarización
escandalosa de las condiciones laborales.
Es el
momento de la ruptura con la “era de los hidrocarburos”. Apostar por la
máxima soberanía energética, que nos libre de la dependencia de los
combustibles fósiles, mediante el impulso al ahorro energético, el empleo de
las energías renovables a todas las escalas y el abandono de los megaproyectos
gasísticos y petroleros.
Es preciso
reorientar el modo en que se están desarrollando las energías renovables. Su
actual enfoque, lejos de fomentar una democratización y difusión de esta forma
de capital, consolida nuevos caciquismos y concentra el poder de un sector tan
estratégico como la energía eléctrica en pocas manos. En este sentido se hace
imprescindible detener el proceso de enajenación de unos bienes (sol, viento o
mareas) patrimonio de la humanidad que no pueden constituir el beneficio de
unos pocos. Así, con urgencia, a los Ayuntamientos que se comprometan a
consorciarse en una única Autoridad Insular, sin necesidad de concursar,
deberían otorgárseles permiso para la instalación de plantas de energías
alternativas, garantizando que los flujos financieros que se obtengan se
destinen al mantenimiento y mejora de los servicios sociales municipales.
Es el momento de
la soberanía alimentaria.
Sin despreciar
la continuidad del apoyo a las producciones tradicionales dedicadas a la
exportación, existe un consenso cada vez más amplio en que el gran
protagonismo del impulso contemporáneo debe ser recuperar las producciones del
mercado interior.
La apuesta
por la máxima autosuficiencia en la producción de alimentos, mediante la
protección de la agricultura y la ganadería tradicionales y en particular la
ecológica. El impulso de la agricultura y acuicultura tecnificadas,
autosuficiente (libres de recursos energéticos fósiles), ecológica (libre de
tratamientos químicos y transgénicos), de alta y garantizada productividad.
Es el momento
para la puesta en valor del territorio.
La protección de los espacios naturales y, sobre todo, la protección de los
suelos agrícolas productivos -como bien escaso de alto valor estratégico-
deben ser el centro de la política para el territorio.
La
rehabilitación ha de ser una de las claves para la reconversión del modelo
socioeconómico canario, reemplazando la ocupación de nuevo suelo por la
intervención que restaura lo ya construido o transformado.
Es preciso
frenar el paquete de grandes infraestructuras previstas en Canarias (macropuertos,
macrocárceles, macroaeropuertos, anillos insulares, etc.) por innecesarias,
costosas, centralizadoras de la inversión y el poder, y nada redistributivas.
Bajar la escala de las intervención en la obra pública, en las
infraestructuras, supone en buena medida atender a las necesidades humanas,
requiriendo a menudo muy poco capital y mucha mano de obra.
Es el momento
para recuperar una Banca Pública.
Necesitamos una
banca pública que intervenga activamente en la adaptación de las hipotecas a
la presente crisis, que preste servicios bancarios de calidad a precios
razonables y que contribuya a dotar de crédito a las pequeñas y medianas
empresas que cuenten con proyectos de inversión viables. No podemos permitir
que la única Banca Pública hoy existente (las Cajas de Ahorro), a las que ya
se les ha despojado de buena parte de sus objetivos sociales, sean entregadas
al capital privado.
Es el momento de
construir una sociedad autocentrada en su espacio geopolítico.
Es el momento de la ruptura con el papel que Canarias ha jugado en el sistema
que se empieza a construir con la expansión del naciente capitalismo europeo,
que en el S. XV ya integra a las Islas como plataforma logística para
su expansión Atlántica.
Hoy cuando
África se convierte nuevamente en campo de batalla entre las potencias
globales, y nuestras burguesías insulares nuevamente ponen en valor la “renta
de situación”, se disputan al “amigo americano” o se hacen embajadores de los
chinos, hablan de las oportunidades que representa la, hasta hoy, despreciada
África. Al tiempo que emprende lo que llama la “internacionalización de las
empresas canarias” sirviéndose para ellos del control de los resortes del
poder autonómico y de la instrumentalización de la llamada ayuda al
desarrollo.
No es el tiempo
de “plataformas logísticas” para el expolio africano, no es el tiempo de
apostar por ser hub aeroportuario al servicio del comercio global. Es
el momento de optar por propiciar un espacio de codesarrollo, abandonando los
viejos conceptos neoliberales de integración, por mecanismos de cooperación y
codesarrollo en la construcción de un espacio económico regional sostenible.
Es el momento de
la ciudadanía.
Entendemos que
“para pasar de una época de cambios a un cambio de época es imprescindible que
produzca la reacción de la sociedad, que ya no puede permanecer impasible,
espectadora, testigo de lo que sucede, sino que tiene que participar
activamente para que los gobiernos sean auténticamente democráticos, es decir,
actúen en virtud de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y escuchen y
respeten todas las opciones.” (F. Mayor Zaragoza)
Tenemos el
convencimiento de que ningún proyecto de (re)construcción social de Canarias,
de salida de la actual situación de crisis, será posible si no se sustenta en
el empoderamiento de un fuerte movimiento social articulado en torno a un
modelo alternativo de país, que es más que una alternativa económica. Un
modelo alternativo de sociedad, lejos de la individualista y egoísta que el
neoliberalismo propone. Una sociedad basada en la cooperación, la
participación, la democracia real, la igualdad de género… persiguiendo el
siempre actual ideal republicano de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Lo que no
podemos hacer es pensar siempre que los problemas –que hemos consentido en
buena parte con nuestro silencio y pasividad- sean solucionados por quienes no
supieron atajar oportunamente sistemas basados en la desregulación y la
especulación.
Sólo desde un amplio debate social donde la participación ciudadana no sea un
mero adorno a políticas decididas en cenáculos políticos-empresariales, se
puede afrontar una salida de la actual crisis sin que los perdedores sean
siempre los mismos. Ese debate social nunca será propiciado desde el Poder,
sólo desde una presión social organizada y constante será posible afrontar el
reto de la construcción de una Canarias para un Mundo más justo, libre y
solidario, y viceversa, porque la crisis global del capitalismo está fundiendo
los planos y los plazos de lucha, lo local y lo global, el corto plazo y el
futuro. Por eso, todo puede acabar resumiéndose en luchar ya por un modelo
económico y social alternativo al capitalismo realmente existente.
La discusión, el
análisis y el intercambio de ideas, es importante, pero lo es mucho más el
que, precisamente desde ahí, ocupemos la realidad. Es inexcusable ganar la
batalla de las ideas en la sociedad. La “batalla” de que las alternativas son
posibles, necesarias y urgentes, pero requieren la movilización y organización
consciente de la sociedad en pos de ellas. Tenemos el deber de hace aflorar
públicamente -y convertirlo en una fuerza de cambio- la existencia, y la
pugna, entre distintos modelos de país. No sólo pedimos acción a los
políticos, sobre todo llamamos a la sociedad que se movilice. En un momento en
que el suelo se mueve bajo nuestros pies, cuando todo es posible, es el
momento de la construcción de la Otra Canarias Posible.
POR TODO ELLO
los signatarios de esta carta, intelectuales, artistas, poetas, hombres y
mujeres de la ciencia y la tecnología, ciudadanos y ciudadanas, vecinos y
vecinas, trabajadores y trabajadoras, gentes de buena voluntad, testigos de
tiempos históricos difíciles, partícipes de una época de cambios, pero
sobretodo conscientes de la necesidad de un CAMBIO DE EPOCA, llamamos a apoyar
y a participar en la construcción del proceso ciudadano OTRA CANARIAS ES
POSIBLE
Septiembre de
2009